Italia: Ivrea defiende su derecho a las batallas de naranjas

31/03/2016 ::

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Cada año, en Ivrea, en el norte de Italia, los vecinos de la ciudad siguen una antigua tradición que consiste en acribillarse unos a otros con 2,6 millones de kilos de naranjas, según informa el Wall Street Journal.
 
¿Qué puede salir mal? Muchas cosas, al parecer, ya que sus detractores citan el desperdicio de alimentos, los accidentes e incluso el bienestar de los animales como las razones para eliminar la batalla anual.
 
"Es mucho zumo de naranja desperdiciado", afirma Andrea Segrè, profesor de la Universidad de Bolonia y activista contra el desperdicio de alimentos. "La comida no es para fines recreativos".
 
Las lesiones son otro punto caliente. Unas diez personas al día terminan en la sala de urgencias, siendo los golpes en el ojo la dolencia más común.
 
"Participé en las batallas durante 10 años hasta que una naranja me rompió el tímpano", cuenta Gabriele Ceretta, de 35 años. "Después de dos días oyendo un zumbido constante, supe que era hora de dejarlo".
 
La escaramuza anual se remonta a la Edad Media, cuando, según la leyenda, un malvado barón de la región hizo uso liberal del llamado derecho de pernada, que le permitía acostarse con cualquier mujer en su noche de bodas. Al final, la hija de un molinero, recién casada, le cortó la cabeza en lugar de someterse, lo que incitó una revuelta popular.
 
La cabeza del barón está representada en la actualidad por la naranja. Y aquella insurrección popular se celebra en la Batalla de las Naranjas de Ivrea, que, desde mediados del siglo XIX, tiene lugar casi todos los años durante los tres días que culminan en el Martes de Carnaval.
 
Cada una de las nueve parroquias de la localidad tiene un equipo y asume los costes de las frutas. Muchas tienen nombres amenazadores como "Muerte", "Diablos" y "Mercenarios".
 
Llevan cascos protectores y se suben a lo alto de grandes carros de caballos que los llevan por la cuidad durante varias horas las tardes de la batalla. Cuando el carro entra en una plaza enemiga —donde cientos de cajas de naranjas y docenas de rivales con coloridos trajes medievales los esperan preparados—, la fruta empieza a volar. No pasa mucho tiempo hasta que el olor del zumo de naranja fresco impregna las estrechas calles medievales de Ivrea.
 
Las lesiones, no todas ellas provocadas por la fruta, mantienen ocupados a los equipos de paramédicos de toda la ciudad. Maurizio Solinas, paramédico voluntario que ha tratado a montones de personas durante numerosas batallas, fue de los primeros en llegar cuando, el domingo pasado, una mujer recibió una coz de un caballo en el muslo.
 
Los organizadores son reacios a hablar sobre las lesiones, aunque las cifras no oficiales indican que más de cien personas al día acaban necesitando algún tipo de atención médica.
 
En cuanto a los alimentos desperdiciados, algunos funcionarios locales restan importancia a dichas quejas. Las naranjas utilizadas, según dicen los organizadores del carnaval, se cultivan especialmente para el acontecimiento y no son adecuadas para consumir. El lodo resultante se recicla como fertilizante. (Un visitante comió una naranja especialmente dulce y no sufrió efectos perjudiciales).
 
Según algunos, los caballos que tiran de los pesados carros a través del tumulto tienen mejor suerte que los humanos en esta batalla campal anual en Ivrea. Los veterinarios se mantienen cerca para asegurarse de que están en buenas condiciones y para buscar cualquier señal de drogas para aumentar el rendimiento.

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